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Tezanos Pinto - Fotos e Historia

TEZANOS PINTO Localidad de Entre Rios Tezanos Pinto es una localidad y centro rural de población con junta de gobierno de 3ª cat... Tezanos Pinto es una localidad y centro rural de población con junta de gobierno de 3ª categoría del Departamento Paraná, en la Provincia de Entre Ríos, República Argentina. Lleva el nombre de su estación de ferrocarril.



TEZANOS PINTO

Localidad de Entre Rios

Tezanos Pinto es una localidad y centro rural de población con junta de gobierno de 3ª categoría del Departamento Paraná, en la Provincia de Entre Ríos, República Argentina. Lleva el nombre de su estación de ferrocarril.

Servicios

Durante el gobierno justicialista de Carlos Menem, los ramales de Entre Ríos fueron abandonados. En 2002 el gobernador Sergio Montiel reacondiciona y pone en marcha los primeros ramales de la provincia. A partir de marzo de 2010, el tren volvió a unir Concepción del Uruguay y Paranápasando por 24 localidades entrerrianas.1 El servicio cuenta con dos frecuencias semanales.

El 19 de diciembre de 2009 se realizó un viaje de prueba en la Estación del Ferrocarril de la ciudad, con la presencia del Gobernador de la provincia Sergio Urribarri. Fue la primera vez en 18 años que vuelve a pasar el tren en la Estación Tezanos Pinto.2




Historia

El 30 de junio de 1875 se habilitó la conexión ferroviaria a través de la línea que luego se integraría en el Ferrocarril General Urquiza con las ciudades de Paraná, Nogoyá y Rosario del Tala.




















Uno de los atractivos del pueblo es sin duda la gruta de la virgen de Lourdes y las famosas ruinas de la mansión de los Moritan, muy conocidas por la cantidad de leyendas que han surgido sobre la construcción antigua saqueada en los años 70. 



















El pueblo.

La fundación de Tezanos Pinto ocurrió en 1890 por la llegada del ferrocarril. Su nombre recuerda a la familia Tezanos Pintos (con "s"), propietaria de los terrenos donde se construyó la estación.




Estación Juárez Celman

Este edificio, que inaugurado el ramal "Central Entrerriano" en 1888 fue denominado bajo el nombre de "Juárez Celman", entra en la categroría de estacion de tercera clase según clasificación en cuanto a medidas del terreno, siendo excepción entre las demas, por contar con una sola hectária.


El cambio de nombre del pueblo de Tezanos Pinto se produjo a fines del Siglo XIX y, como suele suceder en estos casos, se continuó utilizando ambos: "Juárez Celman" y "Tezanos Pinto", para identificar esta Estación de F.F.C.C. como se aprecia en el siguiente suelto de prensa: 

“PLAGA PERJUDICIAL. Son muy notables los perjuicios que están ocasionando las bandadas de jilgueros en los sembrados de trigo. 

Según noticias que hemos recibido de la Estación Pintos es en este punto donde los jilgueros han hecho más estragos”. (Miércoles 8 de diciembre de 1902. “La Razón” de Paraná. Archivo General de Entre Ríos).









Según Hector Ardaist (Presidente de la Junta de Gobierno) el edificio de la estación fue reparado una o dos veces. Se cambiaron vidrios de puertas y ventanas y se pintaron algunas paredes, pero la falta de seguridad en la zona hizo que todo sea inutil.

En una reunión en noviembre del año pasado se acordó que la U.E.F.E.R. se encargaría de la restauración del edificio



Actualmente el gobierno provincial brindó materiales para la construcción de un nuevo pozo de agua potable. 

Según censo en 2001 el pueblo tendría alrededor de 74 habitantes, pero el presidente de la Junta de Gobierno asegura: "mas de 100 somos seguro".


Lo sierto es que esta antigua estación es testigo del saqueo, la ignorancia y el desinterés por parte de las autoridades a cargo. 

El tren se llevó el progreso y Tezanos Pinto como muchos otros pueblos del interior de nuestro país, murieron gracias al afán privatizador del neoliberalismo de los años 90.



La presencia de Tezanos Pinto 

Nuestra provincia esconde misterios y enigmas que merecen ser develados. Uno de ellos está en la localidad de Paraná campaña. Gustavo Fernández Especial para UNO

Desde hace casi 20 años investigo en la región la presencia de fantasmas. Año tras año, dedico muchos días y esfuerzos a la caza de los mismos. 



En tal sentido, sería ocioso extendernos pero vale la pena recordar nuestros aportes originales en el terreno de las psicofonías, esto es, la grabación magnetofónica de sonidos provocados aparentemente por personas fallecidas y que se reflejara, entre otros casos, en las realizadas en el Cementerio Municipal de la ciudad de Santa Fe por primera vez en el país con autorización oficial. O también las cumplidas en tantas otras localidades de Argentina, o las psicoimágenes (registros en video o película fotográfica de las fuentes inteligentes productoras de esas psicofonías) como la obtenida en la ciudad de Coronda. 


En el cementerio de esa ciudad y también con autorización oficial obtuvimos la incontrastable evidencia gráfica de lo que vulgarmente suele denominarse un fantasma y que en Parapsicología definimos más técnicamente como paquetes de memoria.




En esta oportunidad, durante setiembre de 1994 estuve relevando la localidad de Tezanos Pinto, a 15 kilómetros de la ciudad de Paraná, en la provincia de Entre Ríos, donde hace ya ocho años, en los alrededores de una casa abandonada escenario de oscuras historias de pasión y de muerte hemos constatado la reiterada presencia de tales paquetes de memoria, las hemos grabado pero nunca, hasta esa ocasión, ningún miembro de nuestro equipo había podido obtener evidencias gráficas como las que aquí presentamos.


Cierto domingo por la tarde, en una de esas salidas de trabajo, mientras recorría con algunos de mis alumnos el perímetro donde los lugareños manifestaban reiteradamente ser testigos de apariciones de todo tenor, indiqué a nuestros fotógrafos que tiraran placas al azar en la zona, en parte porque ello serviría de referencia documental en la escenificación de los relatos recogidos, en parte porque los años de experiencia y cierto olfato desarrollado en la investigación señalan que estos tanteos deparan a veces interesantes sorpresas. Y cuando una de nuestras colaboradoras, a quien sólo identificaré con su nombre de pila, Graciela, fotógrafa profesional, me trajo reveladas (aún no existían en el país las cámaras digitales) las primeras placas, a punto estuve de gritar ¡bingo!.



Porque como se observa, un extraño personaje de cabello oscuro y, estaría tentado a decir, de traje y corbata, aparecía de medio cuerpo surgiendo en medio del densísimo matorral. En un momento y un lugar en que nadie se encontraba allí, cuando ningún integrante del equipo andaba vestido de esa manera (aditamentos por demás incómodos para pasear por el monte) y mientras era evidente porque sobre ello mantenía estricto control que ningún extraño se acercaría subrepticiamente a nosotros mientras trabajábamos.


Hablando con habitantes del lugar, algunos de ellos creyeron reconocer al señor de la imagen: un joven maestro de escuela, que habría dado clases en las ruinas deshabitadas, donde precisamente se tomó la fotografía, en que décadas atrás funcionaba una escuelita de campo. El hombre había desaparecido a mediados de los 70, y si observamos con detenimiento su vestimenta, hasta el tipo de corte de pelo, esa barba candado y el grueso nudo de la corbata son propios de esa época.




¿Qué decir de esta placa? El original y su propietaria se sometieron gustosamente a todo tipo de análisis y discusión. Mi certeza sobre lo desierto del lugar y la ocasión es absoluta. Y la presunción de que la película fotográfica, mucho más sensible que el ojo humano, es capaz de registrar niveles de realidad, dimensiones paralelas que escapan a nuestra estrecha ventana de percepción del universo, se agigantan día a día.






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