Feliciano - Lazaro Blanco

Un camino de ripio, que corre entre campos desmontados y algo de vegetación original, conduce hasta el santuario de Lázaro Blanco, el chasqui aniquilado por un rayo. El santuario está a 12 kilómetros de San José de Feliciano, en el antiguo camino hacia La Paz. Allí se conserva un  árbol derribado, una cruz y una placa que reza: “Debajo de este añoso árbol cayó fulminado, por un rayo, junto a su caballo, el chasqui Lázaro Blanco, el 7 de septiembre de 1886.”
Un par de salas recubiertas con placas, banderas, cintas, rosarios, cartas, velas, flores, entre otros tantos objetos, dan cuenta de las muestras de agradecimiento de las miles de personas que cada año se acercan a pedir favores. También hay un escenario montado al costado y un quincho para el reparo.
Lázaro Blanco fue un mensajero del siglo XIX, que cumplía con la misión de comunicar pueblos en tiempos en que prácticamente no existían otros medios. Cuenta la historia que una noche tormentosa, el jefe de Policía de Feliciano le encomendó llevar un urgente recado a la comisaría de La Paz.
Haciendo honor a su reconocido coraje, Lázaro Blanco aceptó.
La lluvia, el viento y los aterradores relámpagos lo acompañaron durante dos leguas, pero justo debajo de un gran algarrobo que había elegido para cobijo,
un rayo lo alcanzó. Tres días después una partida policial encontró su cuerpo sin vida y el de su caballo, lo enterró en el lugar y clavó una pequeña cruz con su nombre. (1)

LA LEYENDA. La leyenda de Lázaro Blanco comenzó a rodar tiempo después. Según el Padre Fabián (2), existen dos narraciones que intentan explicarla.
Cuentan que en momentos de gran sequía, un criollo que arrendaba un campo para criar sus vacas debió sacarlas porque las aguadas se terminaban. Preocupado por la situación, pasó por delante de la cruz de Lázaro Blanco y, desde lo profundo de su corazón, le hizo una oración: “Lazarito, si me hacés llover te hago un monolito en el cementerio.” A la noche cayó un gran aguacero. Agradecido, el hombre cumplió su palabra y, a la par, comenzó la fama del chasqui milagrero.
La otra narración refiere que, también preocupado por una gran sequía, un productor soñó con un hombre joven que  le aseguró que, si confiaba en él, la producción se salvaría y le pidió que visite su tumba. A la mañana siguiente, la lluvia salvó la cosecha de la región. Entonces el productor recordó el extraño sueño, visitó el lugar y, para su asombro, encontró el nombre del personaje del sueño.

Como agradecimiento trasladó su cuerpo al cementerio y, sobre su tumba, le hizo un monolito.

LA FE. ¿Cómo se construye en torno a determinadas personas fallecidas una devoción popular? La muerte en plena juventud o en circunstancias terribles son dos elementos necesarios, pero también el pensar que el difunto desde el Cielo es solidario con los que están aquí y puede interceder ante Dios. (2) y (3)
Lázaro Blanco, entre tantos otros santos populares, da cuenta de las creencias que un pueblo da a luz, en un reciclaje continuo de su fe.

Fotos: Claudia Caggigas

(1) Cagigas C. 2003. “Un pueblo te hizo santo”. Suplemento Crónicas de Viajes. El Diario (Paraná, E.R). Nº 27: 248. También en formato electrónico en URL: http://www.eldiariodeparana.com.ar/suple/turismo/html/fe.html

(2) Padre Fabián. 2005. La religiosidad popular. URL: http://www.padrefabian.com.ar/?p=19 (3) Migale L. y de Hoyos, M. “Las devociones populares”. En “El diario íntimo de un país. 100 años de vida cotidiana”. La Nación. Fasc. 8: 113 – 125.


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