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Leyenda del Pitogué o Benteveo

Historia del Benteveo

LEYENDA DEL PITOGUE O BENTEVEO

En los inicios de los tiempos vivia en una choza que estaba a la entrada de un espeso monte una anciana cuya edad calculaban quienes la conocian rondaria ya en unos cien años,La anciana no vivia sola,compartian su choza dos jovenes a quienes habia criado desde muy pequeños, cuando los habia encontrado solos, sin padres , totalmente desamparadosEl sustento de la mujer y lso jovenes estaba basada en la recolección que hacían los huérfanos de las frutas que habia en plantas cercanas también cazaban algunas presas o pescaban en el río que corria caudaloso en las inmediaciones.
A la anciana su edad le hacía cada vez más dificultosa la tarea de comer. Pero lo importante para ella era su hábito de fumar eso sí podía hacerlo y era una de las pocas cosas a esta altura de su vida que le daba placer.Fumaba en una pipa realizada con un palo largo que ponía entre sus dedos y acariciaba mientras se deleitaba en el intenso sabor de hierba que se quemaba. Los varones le servían la pipa y le daban fuego. Ella muy contenta por la atención de ambos dejaba transcurrir los días recostada,meciendose en una hamaca paraguaya fumando.La comodidad más el placer producido por su pipa hacían que la anciana no se moviera ni siquiera para volver a encender el fuego cuando esta se apagaba. Se desesperaba y llamaba a los jóvenes gritando pitogué,pitogué,“ queríendo decir se había apagado el pito o pitillo los muchachos acudían prontamente al pedido de su madre adoptiva, estaban acostumbrados a estar pendiente del llamado que inexorablemente caería de un momento a otro. Ya acostumbrados a la demanda preferían atender inmediatamente el pedido de la anciana que escucharla quejarse porque el fuego se había extinguido , tal solía ser su enojo en esos momentos que podía llegar a agredirlos físicamente, proferir insultos irrepetibles si se demoraban.El carácter amoroso de la anciana que alguna vez se había compadecido de los dos pequeños desvalidos, se había convertido ahora en la cruz que pesaba sobre la espalda de los dos jóvenes . Ya no eran libres, el amor que los cobijara en el pasado ahora era como una cadena que los apresaba.El extremo al que había llegado la situación con la mujer y su pipa obligó a los hermanos a turnarse para salir a buscar el alimento y así no dejar a la anciana sola. Cuando querían descansar o emprender alguna aventura juvenil los dos juntos siempre estaba ahí el grito imperioso impidiendo todo disfrute y recordando que había que volver para prender la pipa, para que la furia no explotara.Harto de la situación llegó un día en que uno de los chicos dijo al otro:
-Nos vamos, yo no aguanto más.
-¡No! ¡Cómo vamos a hacer eso! Ella es como una madre para nosotros, nos ha rescatado, nos ha criado, Dios se enfurecerá y seremos castigados…No obstante el miedo al castigo divino, la idea de libertad se había plantado en sus corazones como una semilla que empezaba a germinar y crecerUn día mientras la anciana dormía placidamente en su hamaca y luego de comer carne asada y algunos frutos del bosque, se fueron para no volver nunca más. La mujer quedó sola.La anciana despertó y su pitillo estaba apagado, empezó a gritar llamando a los jovenes como lo hacía siempre, nadie respondía, nadie acudía a su llamado. Empezó a desesperar. A medida que pasaba el tiempo su ira crecía y el odio más negro invadíó su corazón. No se movió, no pudo moverse más y poco a poco fue muriendo, pero antes de dejar este mundo se juró que volvería para castigar a los que la habían abandonado hasta que murieran ellos también, así se daría por vengada. Y falleció.Los muchachos seguían su camino. La libertad que consiguieron era solo aparente en su corazón pesaba la culpa de haber dejado a la mujer sola y sin decir nada,De repente una mañana cerca del mediodía,uno le dijo al otro.Escuchaste?

-¿Qué cosa? ¿Por qué te exaltas tanto?
-Shhhh!!! La anciana nos llama, escuchá, se ha levantado, nos ha seguido, nos ha encontrado-dijo atemorizado.Estás loco, hermano… no se puede mo… –y el grito hizo que no pudiera seguir hablando.Muy cerca de ellos como si estuviera a sus espaldas se oía, estridente, ensordecedor, un grito, “pitogüé-pitogüé”. Sin embargo no había nadie. Y otra vez el grito, y de nuevo nadie. Lo único que vieron los hermanos, que a esta altura estaban aterrorizados, fue un pajaro posado en una rama. Cuando la pequeña ave abrió de nuevo el pico, otra vez: “pitogüé-pitogüé”. No podían creerlo, estaban aterrorizados mirando anonadados al ave que se agarraba con las patitas a la rama igual que la anciana agarraba la pipa con sus dedos encorvados. Siguieron observándolo y no salían de su asombro. En el pájaro creian ver a la anciana su pico era como la nariz en punta de la mujer y sobre la frente, de lado a lado, cruzaba una raya que era igual a la sucia vincha que ella usaba para sostener su largo pelo blanco.Los jovenes huyeron de allí,pero adonde iban se encontraban con el pájaro que les gritaba .Y eso sucedió hasta que ambos,ya convertidos en ancianos por el transcurrir de los años,fallecieron.

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