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Los Secretos del Paraná

EXPEDICIONES CIENTIFICAS Y CRONISTAS EN LA REGION DEL PARANA/PARAGUAY. RELACIONES DE VIAJES DESCUBRIENDO LOS SECRETOS DEL PARANA El...

EXPEDICIONES CIENTIFICAS Y CRONISTAS EN LA REGION DEL PARANA/PARAGUAY. RELACIONES DE VIAJES

DESCUBRIENDO LOS SECRETOS DEL PARANA


El navegante veneciano Sebastián Gaboto al servicio de España fue el precursor en adentrarse en los misterios del río “pariente del mar”.


Juan Díaz de Solís, abre las aguas


Color del textoEl olor de esos ríos es sin par sobre esta tierra.
Es un olor a origen, a formación húmeda
y trabajosa, a crecimiento.
Juan José Saer. El Entenado
Color del texto

En febrero de 1516 se produce el descubrimiento del río de la Plata por Juan Díaz de Solís (llamado por él Mar Dulce, luego río de Solís en su homenaje). En búsqueda de un paso interoceánico Solís penetró en las aguas del estuario (anteriormente varios navegantes merodearon la región), navegó junto a las costas hoy uruguayas, desembarcó a la altura de la isla Martín García y fue muerto por los aborígenes del lugar. De los que desembarcaron junto a Solís, sólo sobrevivió el grumete Francisco del Puerto, de 14 años, quien convivió más de diez años con los naturales, sumando importantes conocimientos sobre lenguajes, costumbres de las distintas tribus y geografías de la región. Casi 11 años después, al pasar la expedición de Sebastián Gaboto, el joven Fancisco del Puerto se presentó, pasando a formar parte importante de la misma como lenguaraz. Este singular personaje inspiró entre otros al escritor santafesino Juan José Saer en su libro “El Entenado”.


La expedición descubridora y fundacional
de Sebastián Gaboto de 1527

…entrando por el Río de Solís iríamos á dar en un río
que llaman Paraná, el cual es muy caudalosísimo
y entra dentro en este de Solís con 22 bocas.

"La epístola es, acaso, el único género literario que podía prosperar en los primeros momentos de la colonización".
Ricardo Rojas


Sebastián Gaboto, Capitán General y Piloto Mayor del Reino de España, nació en Venecia, el 20 de enero de 1479, hijo de Juan Gaboto, genovés de origen, descubridor del norte de América. Profundo conocedor de las artes náuticas, se rodeó de eficaces colaboradores para emprender su gran empresa sudamericana y trajo consigo a calificados compañeros españoles de Andalucía, Aragón, Asturias, las dos Castillas, Cataluña, Extremadura, Galicia, León, Navarra, Países Vascos, Valencia, Islas Baleares y Canarias, y a sus treinta italianos, además de súbditos de Alemania, Córcega, Escocia, Grecia, Hungría, Inglaterra, Irlanda, Países Bajos, Portugal y Esclavonia. (como anticipando corrientes inmigratorias posteriores y nuestra identidad de crisol e razas).
El 3 de abril de 1526 zarpó del puerto español de San Lucar de Barrameda una expedición de poco más o menos 210 hombres al mando del Piloto Mayor del Reino y Capitán General Sebastián Gaboto. La armada con destino a las Molucas, al Catayo (China) o Cipango (Japón) hacia la Especería, estaba formada por cuatro naos: la “Santa María de la Concepción” al mando de Sebastián Gaboto; la “Santa María del Espinar” al mando del Capitán Rodrigo Caro; la “Trinidad” capitaneada por Francisco de Rojas y la carabela “San Gabriel” dirigida por el Capitán Miguel de Rifos.
Recorrieron la costa del Brasil, de Pernambuco hacia el sur, y al encontrarse con naúfragos de expediciones anteriores (especialmente la de Solís), se anoticiaron de la existencia de tierras maravilosas: la Sierra del Plata, el Imperio del Rey Blanco y el Lago donde duerme el Sol (que realmente eran el cerro Potosí, el Imperio del Inca -Perú- y el lago Titicaca). Luego de algunas discrepancias abandonaron el proyecto inicial y pusieron proa hacia la entrada del río de Solís, golfo de Santa María, el 23 de febrero de 1527. Penetraron en este río y se detuvieron luego en “San Lázaro”, del río Uruguay. De allí las naves de mayor calado, la “Santa María del Espinar” y la “Trinidad” fueron conducidas por el capitán Grajeda a un lugar sobre el río Uruguay que llamaron “San Salvador” o “Puerto de las Naos”.
En San Lázaro embarcaron a Francisco del Puerto, ex grumete de Solís, quien los condujo a la boca del Carcarañá, probable camino a la Sierra de la Plata.

Gaboto y el capitán Miguel de Rifos entraron al Paraná el 8 de mayo de 1527 por la boca del Paraná de las Palmas conduciendo la carabela “San Gabriel” y la galeota “Santa Catalina”.

Al llegar al lugar donde el río Carcarañá se encuentra con el río Coronda (brazo del Paraná) el día 9 de junio de 1527 (27 de mayo del calendario juliano), Sebastián Gaboto fundó sobre la margen izquierda del Carcarañá, a varios centenares de metros de la desembocadura, el fuerte de “Sancti Spíritus”, donde actualmente se encuentra Puerto Gaboto. En casi tres años de asentamiento (823 días) se unieron con la savia y sangre de la tierra del mayor centro de cosmopolitismo aborigen formado por Timbúes, Caracaraes, Corondas y Guaraníes. Construyeron el bergantín “San Telmo” y sembraron trigo por primera vez en nuestro territorio.

Desde la entrada al Paraná de las Palmas y el tramo por el Coronda hasta el Carcarañá, la expedición ya había navegado aproximadamente 480 km del majestuoso Paraná.

El 23 de diciembre de 1527, vísperas de Navidad, partieron en la galeota “Santa Catalina” al mando de Gaboto y Juan Alvarez como piloto, y en el bergantín “San Telmo” al mando de Miguel de Rifos y piloteado por Antonio Montoya, para explorar el río Paraná. Como expedicionarios se eligió a lo más granado del fuerte, a saber, gentilhombres, veedores y armadores. En total fueron convocados 130 hombres.

Es importante destacar que la ruta de navegación que siguieron fue por el río Coronda conocido como “río grande”. Recién se distingue con otro nombre, “río de Ayolas”, con la llegada de Pedro de Mendoza. El Coronda es en realidad un brazo del Paraná que se desprende del cauce principal para entrar nuevamente en él, con la particularidad de participar en la formación de la laguna de Coronda, conocida así por haber sido habitat de los indios Corondá. El brazo es fuerte y largo y al volver a su lecho madre lo hace a bastante distancia de la desembocadura del Carcaraña. De modo que este río constituye sólo un cambio de la ruta principal por una secundaria transitable para orillar Santa Fe.
Por su configuración (barrancas de la margen derecha) llama a engaño y acaso por eso se haya metido en el Sebastián Gaboto. Los hechos históricos posteriores, fundación de Corpus Christi por Ayolas y Nuestra Señora de Buena Esperanza por Pedro de Mendoza, en lugares de su curso, le dan un caracter principal, más aún teniendo en cuenta que por él descendió Juan de Garay desde Santa Fe para fundar una población donde estuvo Sancti Spíritus, intención frustrada por Jerónimo Luis de Cabrera, quien hizo allí su acta de fundación del puerto San Luis de Córdoba. Si bien el calado del Coronda nos es muy profundo era su suficiente para las embarcaciones de los siglos XVI y XVII, constituyendosé en la vía navegable de la época para este tramo del Paraná, luego reemplazada por el canal principal que sigue la costa entrerriana. La extensión aproximada del Coronda es de 90 km desde Santa Fe hasta su desembocadura.
Transcurrido el tramo del Coronda, el día 1 de enero de 1528 navegan junto a una isla que llamaron de Año Nuevo, luego conocida como Isla de los Pájaros y que en la actualidad ya no existe (en cercanías de La Paz). Se calcula que las naves avanzaban normalmente a razón del promedio de una legua y media por día. (algo más de 8 km por día).
A mediados de enero de 1528 se detuvieron en la isla de las garzas y luego pasaron en cercanías de una tribus de indios mepenes (aproximadamente entre el río Santa Lucía y Corrientes).
Llegaron hasta la desembocadura del río Paraguay en el que no se internaron sino que siguieron el curso del Paraná hasta llegar a un lugar que llamaron “Santa Ana” (26 de febrero de 1528), ahora Itatí, provincia de Corrientes. Allí permaneciero 30 días y recibieron noticias que para llegar a la Sierra de la Plata debían remontar el río barriento (Bermejo). Algunas versiones indican que durante ese tiempo de realizaron algunas travesías pasando Itá Ibaté y los saltos de Apipé impedieron la navegación (actual Yaciretá). Desandaron el Paraná y mientras Gaboto se quedó en la desembocadura del Paraguay (31 de marzo de 1528) Miguel de Rifos ingresó en este río. Al llegar a la entrada del Bermejo los indios agaces les tendieron una emboscada y mataron a 18 tripulantes inclusive al capitán Rifos y al tesorero Gonzalo Núñez de Balboa, hermano del descubridor del itsmo de Panamá y a su hermano Juan. El hecho habría ocurrido por una traición del lenguaraz Francisco del Puerto, del cual a partir del hecho nunca más se supo nada.

De regreso a Sancti Spíritus se encontraron en el camino con un bergantín conducido por el Capitán Dilego García de Moguer, frente a las islas Toropí de Corrientes, situadas entre Goya y Bella Vista (7 de mayo de 1528).
Este exigió a Gaboto le entregase el mando. Gaboto rechazó la pretensión y regresaron a “Sancti Spíritus” (20 de mayo de 1528).

La primera travesía por el Paraná había insumido seis meses en los cuales navegaron en total casi 1800 km incluyendo el recorrido por el Paraguay y el Bermejo.

No conformes con el resultado de la misma, Gaboto y García de Moguer, llegaron a un acuerdo para hacer una nueva búsqueda en conjunto.
Construyeron allí tres bergantines más y se lanzaron a una nueva excursión hasta el río Paraguay. Cuando ya estaban en el norte recibieron la noticia de que los indios se aprestaban a asaltar el Fuerte “Sancti Spíritus” y regresaron a su base. Su arribo coincidió con la llegada del Capitán Francisco César que había sido comisionado por Gaboto de hacer el camino por tierra adentro hacia el objetivo buscado. César dio noticias favorables sobre el encuentro de es llenas de oro y entonces Gaboto desechó la idea de llegar al país del Blanco por vía fluvial y planeó hacerlo por el camino señalado por Francisco César.


Un quimérico viaje fluvial a lo desconocido


el río principal que los indios llaman Paraná,
que quiere decir mar grande, tiene las islas mucho mayores…



Se ha escrito mucho sobre la desobediencia de Gaboto a Carlos V, ya que en lugar de ir a las Molucas decidió internarse en el Paraná, pero en mi opinión no hizo más que interpretar el espíritu de las instrucciones del emperador, pensando que iba a encontrar en América lo que se le había mandado buscar en Oriente. Pero es cierto también que mi opinión es interesada, porque el fuerte de Sancti Spiritus fue fundado, casi sin ninguna exageración, enfrente de mi casa.
Juan José Saer (El río sin Orillas)


Me atravesaba un río, me atravesaba un río!
Juan L. Ortiz


La tarea de remontar el Paraná no fue cosa fácil. La navegación por los grandes ríos sudamericanos constituía una labor insólita e inusitada que no tenía antecedentes en los países europeos. Además, estaba presente la duda de lo desconocido, la navegabilidad de algunas corrientes y canales, la incertidumbre de hallar alimentación suficiente, la ignorancia del comportamiento meteorológico de las regiones, el peligro permanente de las fieras, reptiles, sabandijas y alimañas; la acechanza de las tribus con la inseguridad si podían ser amigas o enemigas; el miedo a las flechas y dardos envenenados y el terror que producía el simple pensamiento de toparse con caníbales antropófagos.
Frente a ese cúmulo de dificultades y problemas Sebastián Gaboto (de 49 años de edad) tomó las decisiones con calma. Seis meses había madurado su proyecto y, entretanto, las islas cercanas fueron reconocidas palmo a palmo para hacerse una idea de lo que vendría más adelante.
A las dos embarcaciones se las había adaptado para la navegación fluvial que podía hacerse a vela, a remo o a la sirga, para lo cual se previeron en las naos las toas correspondientes. Moderado debía ser el avance contra la corriente y el desplazamiento muy lento para dar lugar al sondeo del cauce, cuando no a la falta de viento para henchir el velamen. Ciclópea tarea la de arrastrar los barcos cinchando desde la orilla, prendidos de las sogas como esclavos encadenados, metidos en algunos sectores de la playa con el agua hasta las rodillas o hasta la cintura, o tirando como locos desde los terrenos desparejos o barrancosos o, en fin, remando acompasadamente al grito del contramaestre tal como si fueran presidiarios.
Luego de este esfuerzo agotador, la coritrariedad de la falta de alimentos, la hambruna y desnudeces que nos describe Fitte, el término de las raciones que se trajeron de España, la deserción de los caoneros indios que fianqueaban las naves para la provisión de pescado fresco y el debilitamiento colectivo por esas razones.
Durante seis meses, dijimos, se había trabajado previendo las alternativas; pero, como siempre, los resultados no se ajustaron a lo que se había programado.
Por eso más alla de las diferentes opiniones habría que conocer los lugares y las circunstancias en las que Sebastián Gaboto se desenvolvió, pues es muy fácil dejar correr la pluma desde un tranquilo refugio de los archivos de Sevilla, de Simancas o del Escorial, o de un atemperado gabinete de estudio de las grandes y cobijadas ciudades. Debieron haber vivido previamente en el teatro de los acontecimientos, haber soportado las tempestades mesopotáinicas, aguantando los diluvios paralizantes que suelen desplomarse sobre el Paraná, las tormentas eléctricas de esta parte de América que desgajan con sus rayos y centellas las altas copas de los árboles, haber probado la ponzoña de las víboras que accidentalmente se defienden de las pisadas en los senderos isleños, de haber tenido que repeler el ataque sangriento de los gatos onza y de los yaguaretés, etc. etc.

La expedición descubridora y fundacional de Sebastián Gaboto de 1527, es reflejada en la maravillosa carta de LUIS RAMIREZ (primera descripción del río Paraná, sus habitantes y la región), en el Islario del cosmógrafo ALONSO DE SANTA CRUZ y también en las Memorias de viaje de Diego García de Moguer al Rio de la Plata.


Consecuencias fundamentales de la apertura
de SEBASTIAN GABOTO en el Paraná.

Los tres años largos de permanencia en nuestros ríos, hicieron que su expedición recogiera experiencias fundamentales para la apertura de otras expediciones con tinte colonizador. Como la misión del Veneciano, que él se había impuesto, se cortó abruptamente con la destrucción del Fuerte y su alejamiento del teatro de operaciones al partir con apuro hacia España, quedaron pendientes en la metrópoli las esperanzas de continuar un camino lleno de esperanzas.
Aquellos sueños de la Sierra de la Plata y de la conquista de un Reino Blanco comenzaron a agotarse en España. El mismo Gaboto pretendió reincidir haciendo gestiones sin resultado, dados los primeros pasos: se sabía que el Río de la Plata no comunicaba con el mar del Sur; se tomó conocimiento del río Paraná, descubierto por Gaboto y de su afluente, el río Paraguay, además del Carcarañá y el Bermejo (Hepetin); se sabía que el rio Bermejo los acercaba hasta la Sierra de la Plata y que el Carcaraña les abría las puertas hasta las es encantadas descubiertas por el lugarteniente de Gaboto, el capitán FRANCISCO CESAR (Origen de la leyenda de la Ciudad de los Cesares) quien habría relevado por tierra la región de Calamuchita de Córdoba (Elelin) y el valle del Conlara en San Luis ; se tuvieron muestras de metales preciosos como del oro y de la plata; se logró conocer medianamente a los indígenas; se tuvo la experiencia que en materia alimentaria, pese a las primeras hambrunas, las condiciones eran favorables; por vía de los lenguaraces se llegó a la conclusión que las lenguas locales eran inteligibles; los tripulantes pudieron advertir que la convivencia social con los indígenas y la vida familiar con ellos era posible; se comprobó que la unión, traducida en los primeros mestizajes, era satisfactoria y, en suma, que pese a la beligerancia demostrada al cabo de la expedición caboteana, la pacificación era posible, mejorando el trato.
De todo esto, que se evaluó prolijamente en España surgió la idea de mandar una gran expedición al mando del Adelantado PEDRO DE MENDOZA. Previamente en la metrópoli se publicó y pregonó invitando a los ex marinos y soldados de Gaboto a participar del nuevo emprendimiento. El llamamiento tuvo éxito y numerosos tripulantes, conocedores ya del terreno, modalidades y costumbres del nuevo mundo rioplatense se enrolaron en la armada de Mendoza. Ellos fueron los que asesoraron geográficamente al Adelantado e hicieron posible la empresa de Mendoza. Ellos fueron los que en el grave trance de la inestabilidad de Buenos Aires trajeron al Carcarañá y al Coronda la desfalleciente expedición que en el río de la Plata se moría de hambre y de pavor.

Texto basado en la obra
del historiador Amadeo Soler


Se suceden otras expediciones motivadas por las noticias que lleva a España el navegante veneciano en 1530.


…os ofreceis de ir a conquistar y poblar las tierras y provincias que hay en el rio de Solís que llaman de la Plata, donde estuvo Sebastián Caboto, y por allí calar y pasar la tierra hasta llegar á la mar del Sur…

Capitulaciones del Rey de España Carlos V
autorizando a Pedro de Mendoza.
Toledo, 21 de mayo de 1534.


Seis años después llega la expedición colonizadora del primer adelantado Pedro de Mendoza y Luján, fundador de la primera Buenos Aires (3 de febrero de 1536). Las noticias de la misma son relatadas por Ulrico Schmidl, soldado alemán en su “Viaje al Río de la Plata”, por Francisco Villalta, Antonio Rodriguez y por la valiosa carta de Isabel de Guevara.

Ulrico Schmidl (1510-1579)
Soldado lansquenete, viajero y cronista alemán.
Parte hacia el río de la Plata integrando la expedición del adelantado Pedro de Mendoza. Junto a él vive los horrores de la primera fundación de Buenos Aires. Durante veinte años recorre lo que llama “Paraíso de las selvas del Paraguay y el Chaco”. Sus relatos, testimonios de un conquistador no español, se convierten en las primeras crónicas de los territorios que luego serían Argentina y Paraguay. Su relato aparece por primera vez en 1567, en alemán. En 1599 en latín, en una edición de Levinus Hulsius, y en el mismo año en la séptima parte de los grandes viajes de Teodoro de Bry, tanto en latín como en alemán. De Bry y Hulsius han realizado grabados que ilustran las aventuras de Schmidl.

Álvar Núñez Cabeza de Vaca (1490/95 - 1557/60)
Conquistador español. Gobernador y Adelantado del Río de la Plata, Fue el primer europeo que describió las cataratas del Iguazú (1542). Exploró el curso del río Paraguay. Sus crónicas se reflejan en “Naufragios y Comentarios”. Los Comentarios, escritos por su escribano Pero Hernández, narran las aventuras de Cabeza de Vaca, en el complejo fluvial del Río de la Plata; el encuentro de los supervivientes en Asunción; la expedición exploradora hasta las fuentes del Paraguay; y, finalmente, la rebelión de los colonos, su prisión, envío a España, juicio y condena.


Ruy Díaz de Guzmán (Asunción del Paraguay 1558 - 1624)
Conquistador y cronista criollo español; fue el primer escritor nacido en la región del Río de la Plata y uno de los primeros en utilizar para dicha región el topónimo Argentina. Si bien lo que más le destaca en la historia es la crónica poetizada por él escrita hacia 1612, crónica a la cual llamó primeramente Los Anales del descubrimiento, población y conquistas de las provincias del Río de la Plata que resumidamente pasaron a ser denominados La Argentina manuscrita. Ruy Díaz de Guzmán es considerado el primer historiador del país que corresponde a los actuales estados de Argentina, Paraguay y Uruguay.

Martín del Barco Centenera (1535 - 1602)
El clérigo-poeta nació en Logrosán (Cáceres)
Inducido por el pensamiento lascasiano y llevado de su curiosidad emotiva, quiso conocer la realidad conquistadora y las tribulaciones indígenas en su ambiente natural y se embarcaba para América, como capellán, en la armada del Adelantado del Río de la Plata, Juan Ortiz de Zárate. Después de dos meses de navegación, llegó a la cuenca del Río de Plata a finales de 1573. Organizado el alojamiento de la gente y acomodado el campamento, marchó a la de Asunción.

Pedro Lozano (1697 - 1752).
Misionero jesuita, etnógrafo e historiador español.
Nació en Madrid en 1697, y arribó muy joven a América, en 1714, con destino a las misiones jesuíticas del Paraguay. Estudió en el Colegio Máximo de Córdoba, casa de estudios en la que llegó a ser profesor de filosofía y teología. Enseñó también en el Colegio de Santa Fe entre 1724 y 1730, para regresar nuevamente a Córdoba como historiador de la provincia de la orden. Compuso varias obras de carácter geográfico e histórico. La más notable es su "Descripción chorographica [...] del Gran Chaco", ilustrada con un detallado mapa del padre Machoni, que contiene muchos detalles etnográficos sobre los pueblos del Gran Chaco, así como descripciones hidrográficas, un estudio sobre la calidad de las tierras, numerosos comentarios sobre las especies botánicas de la región y, en particular, sobre las plantas medicinales, e interesantes comentarios sobre la fauna. También su ˝Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán˝.

Fue un sacerdote jesuita, uno de los primeros etnólogos que actuó en lo que luego sería la Argentina, donde permaneció casi cuarenta años. Sirvió como misionero, realizó numerosas exploraciones y acopió gran cantidad de información sobre los indígenas, la fauna, la flora y los accidentes naturales del territorio. Estudió medicina en la Universidad de San Andrés de Edimburgo. Allí, Falkner fue alumno del prestigioso anatomista Richard Mead, y de Isaac Newton.
En el año 1752 llegó a la Estancia San Miguel (actual pueblo Andino, Santa Fe) para hacerse cargo de ella el padre TOMAS FALKNER, convivió en el Carcarañá hasta el año 1756. Su gente, formada por indios, mestizos, negros, mulatos y zambos, realizaban una labor muy especial ya sea en el casco como en los puestos, y debido a la ocupación especial y principal de la ganadería, los puesteros, reseros y peones configuraban un heterogéneo conjunto de criollos, gauchos, mestizos e indios, con gran movilidad, de modo que el estar en Andino, sus puestos o Puerto Gaboto era de poco tiempo y desplazamiento, generándose una vida social muy vinculante.
FALKNER era un gran amante a la paleontología y su destino le dio la oportunidad de vivir en el paraíso de los fósiles: el río Carcaraná. En 1774, a los 72 años, dio a conocer su obra Descripción de la Patagonia y de las partes contiguas de la América del Sur, de carácter etnográfico, que escribió en gran medida basado en su memoria.


Félix de Azara (1742 - 1821)
Militar, , ingeniero, explorador, cartógrafo, antropólogo, humanista y naturalista español.
Fue enviado por el , en 1781, a que estableciera los límites hispano-portugueses en América del Sur. Doce años invirtió el aragonés en estudiar aquellos inmensos confines, en los que no dejó aspecto por averiguar: recursos, geografía, fauna y flora, poblamiento, distancias y comunicaciones. Autor de “Descripción e historia del Paraguay y del Río de la Plata”, entre otros libros sobre este viaje.


Alcide d'Orbigny (1802 - 1857)
Naturalista francés.
Desembarcó en Buenos Aires en enero de 1827. (300 años después de la llegada de Sebastián Gaboto). Remontó el río Paraná hasta Corrientes, alojándose en Rincón de Luna, Itatí, Goya, y el Iberá. Visitó Chaco, donde observó la nación Toba, y regresó a Buenos Aires. En 1834, D'Orbigny volvió a Francia y escribió su monumental obra en nueve volúmenes Voyage dans l'Amerique Méridionale ("Viaje a la América Meridional"), una obra que sólo es comparable con los voluminosos escritos de Humboldt acerca de la América equinoccial.


Naturalista inglés.
Parte de Buenos Aires, el 27 de setiembre de 1833 y llegó a Santa Fe el 5 de octubre, siguiendo el viejo camino de las carretas. El itinerario se señala en su diario: Luján, Areco, Arrecifes, San Nicolás, Rosario, Gaboto (1 de octubre de 1833), Monje, Coronda y Santa Fe. Sobre cada lugar se detiene para hacer los comentarios. Lo reflejó en su libro “Diario de viaje de un naturalista alrededor del mundo”.


Aimé Bonpland (1773 - 1858)
Naturalista, médico y botánico francés, célebre por la expedición a América que realizó junto con Alexander von Humboldt. Contratado por el dirigente de la revolución del Río de la Plata, Bernardino Rivadavia, decide viajar a Buenos Aires, a la que llega el 26 de noviembre de 1816, con su familia y el ofrecimiento de ser profesor en la Facultad de Medicina y en el Museo de Historia Natural. De regreso a América Bonpland se establece en Buenos Aires en donde continua su vida de aventuras. Trae de Europa lo necesario para fundar un jardín botánico y un Museo de Ciencias Naturales, pero las necesidades de la guerra de independencia impidieron que este proyecto se concretara. En Buenos Aires ejerce su profesión de médico durante tres años. Y en 1820 estableció su cuartel general en Corrientes, de donde partían sus múltiples expediciones con fines científicos.

Germán Burmeister (1807 – 1892)
Naturalista, paleontólogo y zoólogo alemán, que desempeñó la mayor parte de su carrera en Argentina. Realizó exhaustivos trabajos sobre la descripción de la fauna, flora, geología y paleontología de varios países sudamericanos, pero en especial de Argentina, publicando cerca de 300 títulos, entre ellos “Viaje por los estados del Plata” y “Description Physique de la République Argentine”, que con magníficas ilustraciones mereció la medalla de oro en su presentación en la Exposición Geográfica de Venecia.

Dentro del aporte para el conocimiento de la región se destacan entre otros los trabajos de Nicolás del Techo, Francisco J. Charlevoix, José Guevara, Martín Dobrizhoffer, José Cardiel, Juan Bautista, Reginaldo De Lizárraga, Florián Baucke, Juan de Rivadeneira, José Sanchez Labrador, Gregorio Funes, Juan P. de Aguirre, Francisco Millau, Acarette du Biscay, Diego de Alvear, Estanislao Zeballos, Juan Ambrosetti, Felix Outes, Luis María Torres, Manuel José de Lavardén, Rosa Guerra, Eduarda Mansilla, Celestina Funes, Guillermo Furlong, Paul Groussac, Enrique de Gandía, Ramón y Calixto Lassaga, Eudoro y Gabriel Carrasco, Zapata Gollán, Manuel Dominguez, Josefina Pla, Augusto Roa Bastos, Juan Carlos Onetti, Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga, Ayala Gauna, Juan de Dios Mena, Leónidas Gambartes, Rodolfo Schenone, Raúl Dominguez, Mateo Booz, Juan L. Ortiz, Juan José Saer.



Los grandes ríos del Plata y, señaladamente entre ellos, el Paraná, son la urdimbre que enlaza regiones, países y provincias, y así dan consistencia al continente. Son el sistema nervioso de conexión y de transporte de personas y de cosas, asi como el nutriente vital de poblaciones, de fauna, de flora y de sembrados. Son, en fin, el signo permanente de vitalidad del Nuevo Mundo en su sector austral, el de las mayores concentraciones urbanas de la América del Sur. Así el fabuloso Paraná cumple con servir de camino interior de los pueblos suramericanos. Descarga una cantidad de agua siete veces mayor que la del Danubio y recorre la geografía media y austral de nuestro continente. Más de 2.000 km lo hace en territorio brasileño y otros tantos, en suelo argentino compartido con el Paraguay. Su caudal tiene un promedio de 17.400 M3 de agua por segundo pero, en época de crecientes, llega a 55.000. Debido a ese caudal y a la extensión de su cuenca, el Paraná, con sus afluentes, es uno de los siete mayores ríos del mundo. Al final de su gran periplo, contando el de sus ríos formadores, resulta con 4700 km, o sea, más largo que el Misisipi. (Miguel Albornoz. Biografía del Paraná)


Bibliografía:

Historia Social y Cultural del Río de la Plata. Guillermo Furlong.

Paraná, el pariente del mar. Rubén Naranjo, Jorge Riestra, Rafael Ielpi.



Biografía del Paraná. Miguel Albornoz.

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 Fuente: http://puertogaboto.blogspot.com/
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