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Historias de Santa Fe - La Vida Social en el Siglo 18

La vida social en la vieja Santa Fe de la Vera Cruz (siglo XVIII) La vida social era sumamente sencilla. Salvo las visitas que entre la...

La vida social en la vieja Santa Fe de la Vera Cruz

(siglo XVIII)

La vida social era sumamente sencilla. Salvo las visitas que entre las amistades se realizaban con acostumbrada frecuencia -visitas en las que los hombres se apartaban de la conversación de las señoras para hacer su partida de naipes- puede decirse que no existían diversiones en la vieja Santa Fe callada y soledosa junto al río.



La familia tenía algo de aquella familia de la fuerte Roma de la República que hizo la grandeza de la ciudad de Rómulo. El padre, jefe supremo, trataba por lo general severamente a sus hijos. Estos casi siempre eran numerosos por lo que ayudaban a su crianza esclavas mulatas o negras. “El hogar colonial -dice Vinardell- era una gran familia formada por el padre, la madre, los hijos, los esclavos y los indios yanaconas, aparte de otros parientes que solían agregarse. Allí bajo la vigilancia de la dueña de casa se fabricaba el pan, se tejía, se lavaba, se planchaba, se preparaban los cueros, etc.”.
La misa permitía a las damas de buen pasar lucir la mantilla de rico bordado, la saya de brillante seda y el jubón luciente de azabaches; y mostrar en los días de calor pesado y húmedo, tan frecuentes en la región, el lujoso abanico con varillaje de nácar o de sándalo. La precedía en la marcha una doncella negra o un negrito esclavo que, ya en la iglesia, extendía sobre los ladrillos de San Francisco o de la Merced el trozo de alfombra o el almohadón bordado para reclinatorio de su ama.
En las casas coloniales de maciza factura, de patios amplísimos y rejas florecidas en una trepazón de jazmines y diamelas, solía darse, de tarde en tarde, algún “convite”. Entonces el pausado compás de las pavanas ponía un romántico encanto, bailaban doncellas y mozos con su galas mejores, discutían los serios señores del cabildo mientras las negras vestidas de rojo pasaban con el mate o los barquillos, y en puertas y ventanas los mirones se daban cita mientas la ciudad parecía quitarse su largo rebozo de silencio.

Leoncio Gianello.
Historia de Santa Fe (fragmento) 3ra. Edición.
Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1978.

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