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Parana - El Palacio Bergoglio

EL PALACIO BERGOGLIO DE PARANA (Fuente Jorge Riani para El Diario)  Jorge Mario Bergoglio, el papa Francisco, nació un día como hoy e... Jorge Mario Bergoglio, el papa Francisco, nació un día como hoy en Buenos Aires, Argentina, el 17 de diciembre de 1936. Muy vinculado a Paraná ya que su abuelo, sus padres y tíos vivieron en Paraná, en el conocido Palacio Bergoglio, ubicado en Andrés Pazos y San Martín.

EL PALACIO BERGOGLIO DE PARANA

(Fuente Jorge Riani para El Diario) 

Jorge Mario Bergoglio, el papa Francisco, nació un día como hoy en Buenos Aires, Argentina, el 17 de diciembre de 1936. Muy vinculado a Paraná ya que su abuelo, sus padres y tíos vivieron en Paraná, en el conocido Palacio Bergoglio, ubicado en Andrés Pazos y San Martín.

El derrotero de una estatua perdida, hallada y donada al Museo de la Ciudad, permite reseñar sobre el más lujoso bar, cafetería y confitería que tuvo la capital entrerriana: el Polo Norte. Un cine de techo corredizo, una terraza española hasta donde “llega la brisa del río Paraná”, decía una vieja publicidad y el extraordinario bar integraban el complejo. Un día del año 1934 –quizás cumpliendo con el destino de los sueños palaciegos– el Polo Norte desapareció sin mayores explicaciones.

Palacio Bergoglio San Martin y Andres Pazos



El Polo Norte fue el bar más lujoso que tuvo Paraná. Le tocó reinar en un tiempo en que los bares céntricos eran universos de maderas lustradas, bronces, mármoles y porcelanas. Cuando ir al bar era ponerse saco y corbata, sentarse en la mesa, tomar un café, chopp o cóctel y escuchar las melodías que desde un entrepiso regalaban las orquestas en vivo. Esto último era el plato fuerte del bar La Perla, ubicado en la esquina de San Martín y Urquiza, frente al Plaza Bar, que también contaba con su orquesta.
El Polo Norte no tenía, como los otros, sus músicos, pero compensaba esa carencia con el brillo de su lujo que se irradiaba por los ventanales del Palacio Bergoglio, y hacía más luminosa la esquina de San Martín y Andrés Pazos.

Corría la década de 1920 y la ciudad sumaba al paisaje uno de sus edificios más atractivos, que una sociedad integrada por cuatro hermanos italianos encargó a la Constructora Cavallo.


“No todas las ciudades provincianas poseen un edificio que cuente con las características del Palacio Bergoglio. Es uno de los edificios más bellos que posee la ciudad; consta de cuatro pisos con excelentes comodidades y departamentos especiales para familia, como así también lujosos escritorios”, destacaba una nota que desborda elogios, publicada en el primer número de la Revista Social de Paraná, aparecida en mayo de 1928.
Cuando el edificio estaba avanzado en la construcción, Victorio y Albino Bergoglio, dos de los hermanos socios, fueron los encargados de buscar a un empresario que quiera instalar una confitería, bar y café en la planta baja de su palacete. Para eso tenían una serie de exigencias que apuntaban todas hacia el mismo fin: garantizar que esa esquina sea la más lujosa de Paraná.
Llegados desde Buenos Aires, donde residían, los hermanos Bergoglio no debieron buscar mucho para dar con dos referentes del negocio gastronómico capaces de hacer frente al desafío. Los empresarios Sanz y Patuel eran dueños de la confitería Polo Norte, fundada en el año 1887. La casa central se encontraba en la esquina de Corrientes y Andrés Pazos, en el mismo sitio donde hoy se levanta la Caja de Jubilaciones de la Provincia, Catastro y el Tribunal de Cuentas.
Sanz y Patuel también habían adquirido el cine, confitería, café y billar Rodrigo, que se ubicaba en 25 de Mayo y Monte Caseros, hasta el 14 de noviembre de 1927, fatídico día en que un incendio lo destruyó totalmente. Los empresarios acreditaban una larga trayectoria en el negocio gastronómico y eso hizo que los Bergoglio les confiaran su esquina encantada.
Como Sanz y Patuel habían perdido su cine Rodrigo, el Bergoglio les daba la posibilidad de volver al rubro. Así, se hicieron cargo del cine Urquiza, contiguo al Polo Norte.


Antigua fotografía de la confitería Polo Norte - Fotografía de El Diario

MAGIA DE CINE. En él, la función siempre empezaba antes de que la película gane el blanco de la pantalla. Lala Pérez Colman de Tavani recordó –hace unos años– con detalles la sensación casi mágica que despertaba entrar a la sala. “Era todo azul, de terciopelo los cortinados y de cuero las butacas… todo en azul”, recuerda la hija del historiador César Blas Pérez Colman.
En las noches de verano, el techo corredizo de cine Urquiza se abría para dejar pasar los destellos de un cielo estrellado. Era una función al aire libre en el corazón mismo de un pequeño palacio.
“Cuando teníamos 17 años íbamos al patio español del Bergoglio a bailar. Casi todos éramos alumnos de la Escuela Normal. Había baile todas las noches de verano, pasaban tangos y fox-trot. Recuerdo Nostalgia y El amor está a la vuelta de la esquina”, dice doña Lala, sacando a la luz los recuerdos de su privilegiada memoria.
Los adolescentes no eran habitués del bar Polo Norte, pero debían atravesarlo para ir hasta la terraza cargada de mayólicas y cerámicas españolas, a la que llegaban tomando el primer ascensor que tuvo la ciudad y que todavía hoy sigue funcionando. Nadie se podía abstraer del fugaz paso por ese bar que visitaban los mayores. “Yo no iba porque era muy chica, pero recuerdo bien que cada vez que pasaba me quedaba mirando las estatuas de la mitología griega que había en el salón”, cuenta la entrevistada.



También el escritor, periodista y docente Miguel Angel Andreetto tiene muy nítida la sensación de ingresar al salón del Polo Norte, donde el aroma de la confitería batía un duelo de fragancias con los desodorantes frescos del ambiente.


“Yo iba a la confitería con mi padre, que me compraba los caramelos suizos o adoquines, que eran caramelos de miel, cuadrados y duros”, recuerda el profesor. “Uno siempre veía mucha gente en la sección de confitería –cuenta– saliendo con los paquetes de masas o alfajores envueltos en papel impreso, atados con cintas rojas y amarillas como la bandera española (un detalle en el que seguramente coincidieron Sanz y Patuel) y con un palito de madera que decía Confitería Polo Norte. De mañana, bien temprano, los alumnos del Colegio Nacional pasaban a desayunar por sus salones” y la clientela se renovaba por edades a lo largo del día.


Para la Revista Social el Polo Norte fue el más destacado bar paranaense. “No existe otro igual en esta capital”, dice el artículo periodístico, y describe: “Está adornado con bellísimas estatuas de mármol y combinaciones de espejos, que unidos a la distribución de abundantes bujías de luz, forman un conjunto caprichoso que alegra la vista de los concurrentes”.
Una de las estatuas fue moneda de pago de los dueños del bar, cuando el comercio perdía sus mejores horas. Recaló en la familia descendiente del historiador y periodista Aníbal S. Vásquez. La arquitecta Laura Vásquez supo de su existencia en casa de familias y, apasionada por la historia de Paraná, no dudó en buscarla y hallarla.


Casa Familia Calderon, en Cordoba 52, donde estaba una de las estatuas de la confiteria Polo Norte hasta su destino final en el Museo de la Ciudad - 

“Está construida en asbesto-cemento, que le da esa pátina brillante, muy similar a la de las viejas piletas de lavar la ropa”, describió Laura, recientemente, ante este cronista. Una vez que localizó una de las estatuas que otorgaban el carácter señorial al salón del Polo Norte, la arquitecta convenció a sus familiares de que la donen al Museo de la Ciudad “Pérez Colman”, en momentos en que ella presidía ese organismo municipal.


Hoy, en una de las vidrieras del museo situado en calle Buenos Aires 266 se exhibe a la mujer de cemento, sosteniendo con uno de sus brazos en alto una antorcha.

El Polo Norte siguió reinando hasta 1934, año en que –quizás cumpliendo con el destino de los sueños palaciegos– desapareció sin mayores explicaciones. Las figuras mitológicas de mármol dejaron lugar a los carteles de saldos y retazos, con los que se inauguró el nuevo destino del Bergoglio.
No hubo más patio español, ni bar Polo Norte, ni cine Urquiza de noches estrelladas. En los días de viento, la majestuosa cúpula empezaba a regalar sus pizarras a modo de souvenir a los paseantes de la calle San Martín.
Un día que nadie recuerda de la década de 1960, la cúpula fue retirada de su lugar. El Bergoglio perdía su corona… Al fin y al cabo, su reinado había terminado mucho tiempo antes.


“En las noches de verano, el techo corredizo de cine Urquiza se abría para dejar pasar los destellos de un cielo estrellado. Era una función al aire libre en el corazón mismo de un pequeño palacio”, se describe en un libro reciente de crónicas parananese. al cine Urquiza, situado en el Palacio Bergoglio, donde compartía espacio con el bar Polo Norte, el más lujoso de la ciudad por las décadas del 20 y 30 del siglo pasado. 

1 comentario:

  1. me gustaria saber si el palacio bergolio fue propiedad de los abuelos del papa actual

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