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El río Paraná, un gigante que debemos cuidar (1ra. parte):

La erosión afecta a la isla El Espinillo (Entre Ríos). El río Paraná, un gigante que debemos cuidar Primera Parte El río entreg...

La erosión afecta a la isla El Espinillo (Entre Ríos).


El río Paraná, un gigante que debemos cuidar

Primera Parte

El río entrega un fantástico paisaje, una vista hermosa de la corriente agitada, de crecidas y bajadas. El verde interminable se avizora en las islas llenas de riachos y recovecos por descubrir.

El río hace a nuestra identidad y nuestro sustento, determina la pertenencia al litoral, a estas tierras fértiles que deben al Paraná el recurso indispensable para la vida de la humanidad: el agua.

Esta correntada crea ambientes acuáticos permanentes, temporarios y sectores de tierra firme distribuidos desde el canal principal hacia los laterales. Así se conforman geografías caracterizadas por su elasticidad, con una relación dinámica entre las superficies ocupadas en las fases de máxima inundación y de sequía. Otro rasgo característico de esta flexibilidad es la elevada capacidad de almacenaje de agua en sus suelos que permite fenómenos de acumulación o degradación de la materia orgánica, la variación en las condiciones químicas, la movilidad de los nutrientes y la abundancia de las poblaciones animales y vegetales.


Es así como el río y su valle de inundación contienen una gran biodiversidad, una variedad de ecosistemas y de especies diferentes, permitiendo la combinación de múltiples formas de vida, siendo una importante vía de migración sobre todo para aves y peces.

Muchas especies avícolas e ictícolas se encuentran amenazadas por la modificación de su hábitat, así como por la caza y la sobrepesca. La contaminación y las crecientes intervenciones en el canal y en los humedales ponen en peligro no sólo a las especies sino al conjunto, al mismo sistema hídrico del Paraná, sus riachos, sus afluentes…



La conexión vial Rosario-Victoria impide el escurrimiento normal del río. 

Río que aguanta…

Las enormes dimensiones del Paraná pueden confundirnos y llevarnos a pensar que este gigante todo lo puede, que nuestro río puede soportar la descarga de desechos industriales, efluentes cloacales sin tratamiento, el permanente dragado de su canal, la construcción de conexiones viales, las represas, la utilización de sus islas para ganadería y siembra, el tránsito de barcos de porte descomunal, el saldo de la combustión de las embarcaciones y hasta la extinción de sus peces.

No obstante, desde hace un par de años, algunas de estas actividades muestran consecuencias visibles cuya gravedad no ha sido exactamente medida, pero que sin duda cambian el ambiente. Indicios como la quema de pastizales en las islas para el pastoreo de 220 mil cabezas de ganado en los humedales del Departamento Victoria (Provincia de Entre Ríos), el derrumbe de 500 m2 del paseo peatonal del Parque España en marzo del 2005 y el oleaje que producen los más de 2 mil barcos de carga que cada año surcan sus aguas frente al puerto de Rosario, instalan una discusión que está encadenada y enciende un alerta sobre varias actividades propias del hombre que cada vez más se recuestan en las aguas del río acelerando y modificando los procesos naturales.




Miles de barcos de cargas surcan sus aguas. 

Se estima que por la actividad humana se han perdido más del 50 % de la superficie de humedales en todo el mundo. En nuestra región existen diversas actividades que están perjudicando los humedales y aumentan la presión sobre el sistema del Paraná Inferior:
· la contaminación consecuencia de la quema de pastizales y el vertido de desechos industriales, efluentes cloacales, residuos y agroquímicos.
· la sustracción de agua para consumo y riego.
· la sobrepesca: se quintuplicaron las capturas en los últimos 10 años.
· el dragado: se profundizó el canal a 32 pies.
· la conexión vial Rosario-Victoria: impide el escurrimiento normal del río en el tramo de ruta sobre las islas y aumentó estrepitosamente el uso de las tierras para el pastoreo de ganado.
· el parque náutico: sólo en Rosario existen 21.000 pequeñas embarcaciones que descargan en el río desechos de combustibles y lubricantes.
· las represas: si bien se ubican en el tramo del Paraná Superior, modifican el régimen hidrológico y varían el caudal del río.

Casi un tercio de la población del país vive a orillas del Paraná, hoy usado como canilla y cloaca al mismo tiempo, lo que determina la indudable necesidad de estudiar cómo el río responde a los usos que sufre para poder planificar las posibles consecuencias de estas intervenciones y también sencillamente para garantizar la vida humana, el desarrollo de las sociedades y los procesos naturales del río.

Sólo el gran caudal del río y su capacidad de autodepuración han evitado hasta el momento un desastre ecológico mayor. No obstante, los efectos de la actividad humana no dejan de hacerse sentir, sobre todo en las áreas donde es más intensa, en general frente a los centro urbanos donde es frecuente observar disminución de la calidad del agua, un alza en la mortandad de peces, el incremento en la erosión del suelo, y la acumulación de desperdicios.



En el año 2005, se derrumba el paseo peatonal del Parque España como consecuencia del oleaje de los barcos de carga. 

Erosión y sedimentación…

Con los procesos de erosión y de sedimentación, el río marca su territorio. El curso del agua tiende naturalmente a erosionar sus costas: en el caso del Paraná esto quiere decir que las barrancas se desgastan por la fricción del agua con la tierra. El proceso contrario es la sedimentación, que implica la formación continua de un depósito natural en el fondo del río, formado en el Paraná por su arrastre de sedimentos del Bermejo, del Paraguay y de otros ríos menores que culminan en su poderoso cauce.



La ciudad de Rosario levantada sobre las barrancas del Paraná. 

Erosión y sedimentación pueden ser también procesos inducidos artificialmente para rellenar una costa o para desgastar y profundizar un canal, lo que podría explicar muchos de los desmoronamientos y destrucciones que ocurren en ambas márgenes del río.

Las barrancas, generalmente, son más resistentes a la erosión y determinan el curso del río. Los valles aluviales o planicies de inundación, en cambio, sufren variaciones morfológicas notables, produciendo modificaciones por los desplazamientos asociados a este proceso de erosión y sedimentación. Por esto, son atendibles los casos ocurridos por el desmoronamiento en el Parque España de la ciudad de Rosario y otros desprendimientos menores en el sector portuario. El dragado y las olas producidas por lo enormes buques son algunos de los fenómenos que exceden el accionar natural del río precipitando la aceleración de los mencionados procesos de erosión de la barranca.




Otro problema es la quema de pastizales en las islas para el pastoreo de ganado en los humedales del Departamento Victoria en Entre Ríos. 

Fuente: La vida en los ríos del litoral: El río Paraná. La Capital. Año: 2009.

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