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Puerto Gaboto - Poema Español Lucia Miranda

POEMA A LUCIA MIRANDA. (LEYENDA HISTÓRICA. 1530—1532.) MANGORA (1). (Marangoré, cacique principal de los urubúes, se aficionó ...


POEMA A LUCIA MIRANDA.

(LEYENDA HISTÓRICA. 1530—1532.)

MANGORA (1).

(Marangoré, cacique principal de los urubúes, se aficionó locamente de Lucía Miranda, señora de distinción, hermosa, honesta y por estremo recatada.—GUEVARA.,)

Fragmento


El crepúsculo dudoso
De la noche se disipa ,
Y ya asomando radioso
Deshace el sol la neblina
Que como nocturno manto
Trémula envuelve y oscila
En la sien de las montañas
Que allá al Occidente brillan ,
Como gigantes dormidos
Encima de una cuchilla. (2)

Y también allá á lo lejos
En una loma estendida,
Avanzado centinela
De las armas de Castilla,
El fuerte de Sancli-Spiritus
Solitario se divisa
Por encima de los bosques
Y de las rocas vecinas,
Siempre al combate dispuesto,
Alzando la frente erguida.

Algunos pocos valientes
Iberos allí se abrigan ;
Los únicos que en el Plata
En aquella época había,
Y que dejara Gaboto
Del Carcañal (3) en la orilla,
Cuando esplorado el gran rio
Que á Solís costó la vida,
Volvióse á España á dar cuenta
De lo que en él se escondía
Y traer nuevos refuerzos
Para seguir la conquista.

Allí se oculta la bella ,
La encantadora Lucía ;
Allí feliz, halagüeña
Su existencia se desliza ,
Resguardada por su esposo
Y los demás que le envidian.

Mas ay! que llorando ahora
El sol la encuentra y se eclipsa
Por no mirar en su rostro
El pesar que la domina,
Y le da, mal que le pese,
Una espresion mas divina.
En el torreón mas alto
Del castillo está subida ,
Y en un buque que se aleja
Clavada tiene la vista,
Empañadas por el llanto
Sus bellísimas pupilas ,
Haciendo con el pañuelo
Señales de despedida
Y en voz baja repitiendo :
«Vuelve pronto, vidamia,
«Esposo caro del alma,
«Dulce vida de mí vida.»

Y abatida, silenciosa,
Embebida en su desdicha ,
En el pretil pono el codo
Y en la mano la megilla,
Y tristemente los ojos
En las turbias olas fija,
Siguiendo la nao que baja
El rio con violentísima
Carrera, por las corrientes
Y los vientos impelida.

Y mientras ella anhelante
Se queja, llora, suspira,
A pocos distancia, ocultos
En la arboleda vecina,
Al píe de un robusto ombú (:>)
Solos dos hombres platican,
Cual si ejecutar debiesen
Algún proyecto homicida;
Y sentados en el tronco,
Al través de sus hendijas,
De cuando en cuando señalan
Al castillo y luego fijan
Los ojos centelleantes
En la nao y en la divina
Muger que en el torreón
Bañada en llanto la mira.

FUENTE: MUSEO DE LAS FAMILIAS 1853





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