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La Estancia San Pedro, Entre Ríos

LA ESTANCIA SAN PEDRO VILLA MANTERO, ENTRE RIOS La estancia San Pedro, uno de los establecimientos más antiguos de la provincia de Entr... La estancia San Pedro, uno de los establecimientos más antiguos de la provincia de Entre Ríos, ubicada en el departamento Uruguay, y que fue considerada como localidad por el INDEC en el censo de 2001 con un total de 64 habitantes (pero perdió esa categoría en el de 2010).
Durante más de ciento cincuenta años fue propiedad de la misma familia, los descendientes de Justo José de Urquiza. Luego de la muerte de Urquiza la estancia fue heredada por su hija Justa, casada con el general Luis María Campos.

LA ESTANCIA SAN PEDRO

VILLA MANTERO, ENTRE RIOS

La estancia San Pedro, uno de los establecimientos más antiguos de la provincia de Entre Ríos, ubicada en el departamento Uruguay, y que fue considerada como localidad por el INDEC en el censo de 2001 con un total de 64 habitantes (pero perdió esa categoría en el de 2010).
Durante más de ciento cincuenta años fue propiedad de la misma familia, los descendientes de Justo José de Urquiza. Luego de la muerte de Urquiza la estancia fue heredada por su hija Justa, casada con el general Luis María Campos.



La casa principal de San Pedro es del año 1872, aunque sobre la primitiva edificación se construyó en 1928 la actual residencia en estilo Tudor con el complemento de un espléndido mobiliario, aunque se conservaron intactas varias de las antiguas habitaciones de la casona original. La casa de huéspedes data de 1911.
Los salones están decorados con objetos históricos varios, como pinturas, piezas de porcelana, tapices del siglo XVI, escudos, un saludo de puño y letra de Napoleón III, un tintero de plata, un libro de canto gregoriano hecho en cuero, tallas del siglo XIII, condecoraciones, cartas, mobiliario y accesorios personales. Fuera de la casa principal, se conservan las construcciones utilizadas por quienes trabajaban las tierras de la estancia, que formaban casi un pueblo dentro de la misma. Durante sus años de esplendor, la estancia (que para 1920 ¡ya tenía cloacas!) se parecía un pequeño pueblo: había panadería, galpón de esquila, pulpería, sala de primeros auxilios, el galpón de los camperos, guardería de coches y monturas con piso de adoquines de madera y hasta una escuela -la provincial número 39-, que aún hoy funciona.




El casco del establecimiento está rodeado por un parque de 180 hectáreas, diseñado por el gran paisajista francés Carlos Thays, con las más variadas especies. Thays, autor de los más famosos jardines de la época, eligió para rodear la residencia familiar de los Campos - De Urquiza robles, cipreses, cedros, eucaliptos colorados, palmeras, fresnos y álamos. Todo el parque está cercado por majestuosos portones traídos de Francia. Un lago artificial, desde entonces, se inunda de los bermellones del atardecer y en él se recorta un grupo escultórico encabezado por un ciervo perseguido por una jauría.


En el parque agregó también otros bustos: pétreos de Urquiza, de Campos y hasta un gran bronce de Justa, sentada. También surgieron tres fuentes, un aljibe, veinte farolas francesas, una cancha de pelota vasca, la piscina y su quincho para asados, y una cancha de tenis.
Además, la casa cuenta con una magnífica capilla de estilo neogótico, diseñada por Adolfo Campos de Urquiza y llamada "Nuestra Señora del Carmen", que congrega todos los domingos a los residentes de la zona.



La estancia fue adquirida en 1846 por Justo José de Urquiza, que la destinó a la cría de vacunos y yeguarizos. De este establecimiento rural eran muchos de los caballos usados en la Guerra del Paraguay. Las únicas construcciones eran un rancho y un corral de palo a pique, que aún subsiste, en el que se juntaba la hacienda. La proximidad con su estancia San José (20 kilómetros) hacía innecesaria la construcción de una vivienda principal, por lo cual Urquiza ordenó edificar una vivienda para el encargado, que para 1864 era el uruguayo Nicomedes Coronel.



El 11 de abril de 1870 se reunió en San Pedro una partida de alrededor de cincuenta personas, encabezada por el sargento mayor Simón Luengo, quienes partieron a San José para dar muerte al general Urquiza. El caudillo, asesinado en medio de un complot, murió en brazos de sus hijas Dolores y Justa, quienes reconocieron entre los conspiradores al mayordomo de San Pedro, Nicomedes Coronel.



Justa de Urquiza, posterior heredera, tenía entonces 15 años y hasta el fin de sus días recordó ese momento fatídico: "Toda aquella noche la pasamos mamá, Lola y yo a merced de los asesinos, amenazados, en la misma alcoba donde lo mataron a Tata. Inmediatamente se dispuso nuestra partida para Concepción del Uruguay, de aquel anochecer visto y vivido, que apagó la edad dichosa de mis pocos años", escribió Justa.



Fue el presidente Sarmiento quien, temeroso por la suerte que podía correr la familia, envió una cañonera para que los Urquiza se refugiaran en ella, y mandó a sofocar la rebelión del caudillo Ricardo López Jordán hijo, a un regimiento al mando de Luis María Campos (quien más tarde sería Ministro de Guerra de la República Argentina en tres oportunidades, fundador de la Escuela Superior de Guerra y Comandante en Jefe del Ejército Argentino) con el grado de Comandante Militar de Concepción del Uruguay. Esta misión terminó con la derrota de las tropas rebeldes.




Luego de este episodio, Campos continuó frecuentando a la familia, a quién había conocido anteriormente en la estancia San José, y se enamoró de la joven Justa. Dos años después, el 24 de agosto de 1872, Justa y Luis María Campos se casaron. Ese mismo año, al hacerse cargo de la herencia de Urquiza, el matrimonio Campos ordenó demoler la casa de San Pedro, la única edificada por Urquiza, y todo lo que recordara la presencia del infame Coronel, y se instalaron allí.
A partir de entonces, Luis María Campos incrementó el patrimonio heredado por su esposa con la compra de una gran cantidad de campos linderos a la estancia, a los que llamó con el nombre de las batallas en las que intervino: Peribebuy, Caraguatá y Tuyuty. El establecimiento tuvo hasta el año 1940, en que falleció Justa, unas 70.000 hectáreas.



Con los Campos al mando, la estancia se convirtió en un pequeño pueblo. Hacia 1920 trabajaban en ella 120 personas. Sumadas a las familias numerosas que tenía cada uno de los trabajadores que residían en San Pedro y a las familias de colonos, se calcula que llegaron a vivir en ella alrededor de 400 personas. La distancia de los centros poblados, las diferentes actividades que se realizaban y la cantidad de personal hizo necesaria la construcción de varios edificios: panadería, despensa, sala de primeros auxilios, galpón de cueros, baño para vacunos y otro para bovinos. Todas estas edificaciones se mantienen en la actualidad en buenas condiciones y destinadas al mismo uso para el que fueron adaptados a las nuevas necesidades.
Después de la muerte de Justa, cuatro de sus hijos heredaron la estancia.




La actividad agropecuaria de San Pedro nunca cesó y ocupó siempre un lugar de importancia dentro del sector. Antes de ser vendida en 2005 a una empresa de capitales extranjeros, los últimos propietarios de la estancia fueron los hermanos Horacio y María Roca, descendientes directos de Urquiza, ya que su madre, María Cristina Bustos Campos de Roca, era bisnieta del general.
En los últimos tiempos la estancia también era un atractivo turístico e integraba el circuito de estancias volcadas al turismo rural, ofreciendo habitaciones de excelente nivel para quienes quisieran hospedarse en el lugar, y se ofrecía una variada gama de actividades para el entretenimiento de los visitantes.

Fuente: http://www.conuvi.com.ar/posts/noticiasnumismticas/7479/Una-ficha-entrerriana.html

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