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Adolfo Ernesto "Toto" Alsina

ADOLFO ERNESTO “TOTO” ALSINA Nació en Villaguay, Entre Ríos el 25 de mayo de 1935. Cursó sus estudios en la Escuela  N°1 Bartolomé Mi...

ADOLFO ERNESTO “TOTO” ALSINA

Nació en Villaguay, Entre Ríos el 25 de mayo de 1935. Cursó sus estudios en la Escuela 
N°1 Bartolomé Mitre y en la Escuela Técnica Nº 1. En su familia había músicos, 
docentes y bancarios. 

Desde muy joven muestra su inclinación hacia las artes plásticas, en la pintura, el 
tallado de madera y el modelado. Tal es así que lo llevan a recrear el famoso Ratón 
Mickey de World Disney y que aun se encuentra en el Parque de la ciudad de Villaguay, 
siendo esta su primera escultura. 

En 1950 es becado para estudiar pintura y escultura en la Universidad de Bellas Artes 
en La Plata, Buenos Aires. 

En 1958 es nombrado en el Banco de la Nación Argentina y su destino es la ciudad de 
Curuzú Cuatiá, Corrientes 

En esta ciudad continua su obra y se incorpora más tarde a la música, formando parte de 
varios conjuntos, el más importante “Los Estudiantes”. En la Cuna de los Músicos, 
llevó su voz inigualable a todos los escenarios. 

Su vida de artista se fue extendiendo y llegó al primer Coro Polifónico. 

En 1972 participa en la Bienal de Artistas Plásticos del Interior, con una escultura 
realizada en chapa, hierro y soldaduras, a la que llama “Luz y Tinieblas” la misma es 
adquirida por un industrial y trasladada a Alemania, lugar donde aun perdura. 

Para él, el arte en sus múltiples manifestaciones, comienza a no tener secretos y se 
prodigaba de tal manera que por momentos no se pertenecía, hasta no lograr su objetivo. 

Escenografías, trajes, teatro, luces, coreografías, comienzan a ser su vida. La 
Estudiantina organizada para celebrar la primavera y la fiesta de los estudiantes, famosa 
por sus carrozas por aquellos tiempos, lo llevan a crear Pinocho, el Tren de World 
Disney, La Fuente de los Deseos y también en las Fiestas del Rey Momo, los 
carnavales, y carrozas recorrieron el corso luciendo el brillo y esplendor de su creador. 

En 1963 une su vida a Sara Isabel Oria. 

Trabajó junto al Intendente Dr. René Borderes en la creación del Parque Mitá Rori. 
Sigue creando espacios de arte, música, danza, teatro, pintura, proyectos y fantasías. 

En 1978 se integra a la Municipalidad de Curuzú Cuatiá como Director del Teatro, 
llevando a escena varias piezas de autores reconocidos. Fueron los tiempos del 
esplendor del teatro en Curuzú Cuatiá. 

Casado con Ada Norma Santini, nace Macarena su primera hija. 

En 1986 es nombrado Secretario de Cultura de la Municipalidad de Curuzú Cuatiá y 
continua siendo el Director del Teatro. Trabajó sus obras imaginando mil cosas, para 
deleitar la vida y compartirlo con sus amigos. 
En 1992 en Mar del Plata participa en el Salón Federal de Pintores y Escultores, donde 
obtiene la Tercera Mansión con su obra “El Consejo de la Abuela” escultura en chapa, 
hierro y soldadura. 

La Secretaría de Cultura de Villaguay, su ciudad natal, le encarga realizar un 
monumento en homenaje a “Las Maestras Michellenas”, abnegadas educadoras hijas del 
primer propietario de las carretas que traían los alimentos del país desde la ciudad de 
Concordia. El grupo escultórico consiste en una maestra que enseña a leer a un niño y 
en el centro de la cuadra se levanta una carreta de tamaño natural, hecho en hierro y 
cemento. 

Ya había nacido Adolfo, su segundo hijo, al que llamará Tato, el que continuará 
inspirando su obra creadora. 

Toto Alsina fue mucho tiempo Director de Cultura de la Municipalidad de Curuzú 
Cuatiá pero pese a todos los cargos que ocupó y actividades que realizó aún siente la 
emoción que sintió el día en que el cura párroco de la Iglesia Nuestra Señora del Pilar, 
Francisco Bousson, lo llamó para que reconstruyera la imagen del niño que la Virgen 
del Pilar llevaba en sus manos, dado que la habían robado, lo decía en una entrevista 
periodística: 

“Es una Virgen del 1700 y hasta ese momento nadie la había tocado más que para 
cambiarle el pelo o la manta para su festividad y cuando yo la tuve que desvestir sentía 
que se me paralizaba el corazón. Quedé duro”, dijo. Sobre todo, porque al ir 
desvistiéndola encontró que bajo las distintas mantas que tenía había un centenar de 
rosarios de tela que, al tocarlos se desintegraban dado los años que tenían. “Fue un 
momento más que emocionante y esas pequeñas cosas son las que le dan sabor a la 
vida”, dijo a Laura Tribbia, en el 2000 en una entrevista para la Revista 
Magazinne. 

Así era él, escribió las obras de teatro que fueron llevadas a escena por él mismo, con 
indiscutible brillo y éxito, “Se casó la Nicanora” y “El Bautismo del Poncianito”. 

Su sensibilidad de artista continuó captando las distintas facetas de la vida y las 
materializó en sus continuas pinturas y esculturas que quedaron como un legado para 
Curuzú Cuatiá con acierto y singular belleza. 

Pese a la sencillez de sus actos, Toto quedará perpetuado en la memoria de los 
curuzucuateños a través de sus obras, que embellecen cada rincón olvidado y oscuro de 
la ciudad. Es así como se alza, frente al cementerio local, un Cristo muy particular 
crucificado en su propia corona de espinas, lo que recibió la crítica de muchos que no 
terminaban de entender la visión del artista. 

«La corona representa al mundo y cada espina somos los miles de pecadores que lo 
habitamos y lo condenamos a morir así», dijo explicando esta impetuosa obra que al 
principio -por no tener la tradicional cruz- fue rechazada por un sector de la población 
que la consideraba obra de una secta. Hoy, en cambio, fue la misma sociedad la que la 
bautizó: «El monumento de la Muerte del Señor». Admirado hoy por todos los que 
pasan por el lugar. 

Por otro lado, al llegar a la terminal de ómnibus de la ciudad y bajar del colectivo, los 
visitantes quedan perplejos al descubrir otra de sus grandes creaciones. El Monumento 
al Trabajador, erigido sobre la plazoleta que lleva este nombre, es una verdadera obra 
de arte que simboliza, precisamente, la vida del trabajador. Son sus dos obras maestras 
seguramente. 

En realidad, estas dos obras son sólo el inicio de una serie mayor -sumaban 9-, que se 
proyectaban distribuir en diversos sitios de la ciudad en busca de su embellecimiento. 
Entre ellos se encontraba una fuente que estaría destinada al patio del Palacio 
Municipal, la restauración de la plaza Belgrano, un monumento a la Madre Teresa de 
Calcuta y una fuente de Indias Guaraníes Bañándose. 

Dos pequeños que se van a pasear al arroyo Sarandí en compañía de su perro, es un 
grupo escultórico que se destaca en la Av. República Oriental del Uruguay al ingresar a 
la ciudad por el oeste. 

«Esta es la mejor manera de devolverle a los curuzucuateños todo lo que me dieron», 
dijo Toto. Con esto hizo referencia a la solidaridad que la ciudad le brindó en uno de los 
momentos más difíciles de su vida, ya estaba enfermo de cáncer, y el multifacético 
artista encontró siempre la palabra oportuna y la picardía en las situaciones cotidianas y 
difíciles, acostumbrados a sus “guachadas” sincero, humilde, hizo un culto de la mistad 
y trabajo hasta el final para dejarnos, con su eterna sonrisa el mejor testimonio de su 
amor, sus obras. 

El sábado 24 de marzo de 2001, partió de este mundo, seguramente hacia algún bello 
lugar que Dios le tenía reservado en el cielo. 

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