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La Compañía de Jesús en Santa Fe - 2da Parte


LA COMPAÑIA DE JESUS EN SANTA FE. 2° PARTE

Cuando la Paz no dura demasiado

En las postrimerías del siglo XVII y comienzos del XVIII, reinaba en Santa Fe y en su territorio una relativa paz y prosperidad. Sometidos los calchaquíes que habían invadido el valle en el primer siglo mencionado, se repobló el mismo, surgiendo estancias y capillas hasta una distancia de 30 leguas de la ciudad capital al norte. Surgieron también nuevas poblaciones como Santo Tomé y Coronda en la banda occidental del Salado. Al sumarse a esto la declaratoria de “puerto preciso” en 1739, Santa Fe se convirtió en esos años la ciudad más próspera del Río de la Plata. 

Pero estaba escrito que tal felicidad no habría de durar mucho tiempo; de ello se encargaron esta vez los guaycurúes del Chaco. Bajo la denominación de guaycurúes se abarcaba a varias naciones. De ellas se distinguieron por su ensañamiento con los santafesinos los mocovíes y abipones, a quienes se sumaron luego los tobas.

Poco a poco fueron avanzando y dominando todo el norte santafesino. Desplazaron a pobladores, estancias, capillas y reducciones; saquearon, incendiaron, mataron, cautivaron, devastándolo todo.

En 1733 fue designado teniente de gobernador de Santa Fe, Don Francisco Javier de Echagüe y Andía, un santafesino de 40 años de edad, que desde muy joven se alistó en las fuerzas que salían a expedicionar al Chaco. Organizó compañías ligeras de caballería, para caer por sorpresa sobre las tolderías. En esta forma logró darles varias batidas, escarmentándolos suficientemente. Tomó entonces unos prisioneros que había hecho, enviándolos cargados de regalos a donde estaban los caciques principales, invitándolos a celebrar paces.

A los dos meses se aproximó el cacique Ariacaiquín con gran acompañamiento de indios y acampó delante de la ciudad.

Aracaiquín era un cacique mocoví de mucho ascendiente. Echagüe y Andía, seguido sólo de un lenguaraz, se adelantó al campamento enemigo a tratar las capitulaciones de paz. En el lapso de un año, cambió totalmente la situación, aunque no se hubiera alcanzado la completa pacificación; faltaba aún la fundación de un pueblo donde reducirlos.

El teniente de gobernador, secundado por los padres jesuitas del Colegio de Santa Fe, entabló negociaciones con los mocovíes, son miras a la fundación del pueblo.

Se hallaban estas tratativas bastantes avanzadas, cuando dos acontecimientos lamentables las entorpecieron; fueron ellas la muerte del cacique Araicaiquín durante una invasión a la provincia de Córdoba, y luego también, a los 49 años de edad, la muerte de Echagüe y Andía.

Fuente:
Dr. Bernardo E. Alemán. La Herencia Jesuítica en Santa Fe. El Litoral y Gobierno de Santa Fe.

Imagen realizada por el Padre Florián Paucke.

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